domingo, 17 de julio de 2011
Cuarto Creciente
En ocasiones sentimos como se desmorona nuestro mundo. Cómo, cada una de las ventanas que componían nuestro maravilloso edificio están cerradas a cal y canto. Y miramos pensativos cómo la única vela que nos alumbra se va consumiendo, sin darnos cuenta de que un ligero resplandor se filtra por debajo de la puerta y ésta se abre. Una corriente de aire nos insufla un soplo de vida y una mano amiga aparece para cedernos parte de su ternura a través de una caricia tan deseada, que su simple tacto hace estremecernos.Hasta que una lágrima brota para hacernos sentir aliviados y podamos susurrarle al mundo: "Soy feliz"
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