miércoles 14 de septiembre de 2011

Desde el país de nunca jamás

Te escribo esta carta para que sepas que nunca volveré. A pesar de que nunca me fui en realidad. Siempre deseé que cosieras mi sombra para que al menos tu manos rozaran el oscuro reflejo de mi ser. Nunca me fui y aún así me despedía cada día, en silencio, cuando no podía tocarte al darte las buenas noches. Más allá de una caricia o un pequeño beso te dedicaba un hasta mañana y tus: Buenas noches!!, unas veces más animados, otras veces más apocados, se me clavaban en el alma pensando que quizás las quisieras pasar conmigo, contándome cuentos o quizás mirándonos el uno al otro intentando ver más allá del increíble brillo de tus pupilas oscuras. Pensar que sólo tengo que dar dos pasos para poder ver cómo duermes, pensar que duermo para no verte. Me despido porque a veces duele. Y aunque arda por dentro siempre me queda recordar que hubo un tiempo en que remendabas mis jirones con tu sonrisa, que con tus manos entrelazabas mi corazón, como enredaderas sin fin, sin más meta que hacerme feliz.
Espero quedar en un pequeño rincón de tu corazón, allí donde una vez estuvimos los dos, allí donde, ahora, no hay sitio para nadie más. Espero que ya no esperes nada de mí porque en el país del nunca jamás no hay segundas oportunidades. Deseo que no me eches de menos porque quiero que sepas que nunca volveré, aunque, en realidad, nunca me fui.

Para todos aquellos que buscan y no encuentran, para todos aquellos que encuentran, pero no es lo que buscaban. Para los que no se rinden y siguen en su búsqueda, esperanzados.

0 comentarios:

Publicar un comentario en la entrada