
Nos han enseñado a respetar las reglas, a ser formales.
Nos han inculcado que no nos metamos en problemas, que tengamos cuidado con los desconocidos y que silenciemos, a ser posible, aquello que pudiera hacer daño a los demás, que sellemos nuestros labios resecos y despellejados, artistas carnosos de la mentira.
Y se nos prohibe ser sinceros, simplemente, porque la verdad duele. Hasta que el corazón rebosa indignación y la honestidad, que no es una virtud sino que debería ser una obligación, hace presencia. Y entonces, sólo entonces, somos malas personas.

José ya te he enlazado en mi blog.
ResponderEliminarY no escribas estas cosas que parece que tienes una depresión de caballo.
PD: Y abre los comentarios a todo tipo de usuarios gañán.
PPD: http://www.inthenameofgoth.com/hectorgomez/