Las noches se agolpan interminables en mi mesilla. Leo, para poder dormir, un libro titulado insomnio. Y el despertar se me hace más amargo cuando es inexistente. Porque hasta los sueños me has robado. Ya ves, no tengo nada sin ti.
Y en las tristeza de tu ausencia brilla un mañana de penurias. Un hasta nunca de la felicidad me acuna en su regazo hasta hacerme enloquecer. En el vaivén de sus arrullos se mezclan los sinsabores y consigo, en el lento rodar de una lágrima, dormir para siempre.
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